Cuanto más viejos somos, más rápido corremos hacia la tumba

Este Gobierno de España, tan amante él de la ciencia y la investigación, ha logrado la proeza tecnológica de meternos en un túnel del tiempo, pero lamentablemente solo nos conduce hacia el pasado. Que si la prevista ley del aborto nos hace retroceder treinta años, que si el nivel de vida de las clases medias vuelve a los años setenta, que si las modernas normas laborales nos retrotraen a la época de la esclavitud. A mí no me parecería mal siempre y cuando mi regreso al pasado se produjese con la edad que tenía en el pasado ―salvo en la época de la esclavitud―. Porque esto de que solo sean mi entorno y mis circunstancias los que retroceden en el tiempo mientras mi propio tiempo avanza hacia el futuro, y cada día a más velocidad, no lo considero coherente. Sé que es muy fuerte lo que voy a decir, pero con tanta retroaceleración mi paciencia está llegando al límite: como sigan así, que no cuenten con mi voto en las próximas elecciones, si es que se puede votar en la remota época a la que nos hayan llevado para entonces.

Acepto viajar al pasado, pero solo si llego con la edad que tenía en el pasado

Voy a ponerme serio, que el tema pide rigor, así que le aplicaré a la susodicha máxima el método científico, y más en concreto la teoría general de la relatividad de Einstein, de modo que podamos observarla desde la perspectiva inversa: no somos nosotros los que corremos más, sino la tumba la que se nos acerca más rápido, precisamente porque corremos menos. Parafraseando a Pablo Guerrero, bajo este prisma la vida no es sino una huida de la muerte, que se nos aproxima a una velocidad invariable, tipo constante cosmológica de Einstein. Sin embargo, para huir de la muerte no es suficiente con que nos amemos todos, como cantaba el inefable extremeño. Si vamos a apoyarnos en la autoridad de un insigne cantautor experto en lluvias, pienso que anda más acertado Bob Dylan con el Never Ending Tour, la gira interminable que comenzó en 1988. Para huir de la muerte hay que correr más rápido que ella. En cuanto te paras, adiós.

Un científico de otra rama de las artes, ni musical ni física, avala este enfoque. Mikel Izquierdo, catedrático de Ciencias de la Salud en la Universidad Pública de Navarra, que ha coordinado el libro Ejercicio físico es salud, contaba esta escalofriante historia en un reportaje firmado por Carlos Arribas en El País:

Mikel Izquierdo, catedrático de Ciencias de la Salud en la Universidad Pública de Navarra
Mikel Izquierdo

“Un nonagenario, que hasta entonces llevaba una vida autónoma e independiente funcionalmente, ingresa en un hospital con neumonía. Del centro sanitario sale, por ejemplo, 10 o 15 días más tarde con la neumonía curada, pero tantos días de cama le han dejado tan débil (si no te mueves el músculo desaparece) que no puede ni andar y sale en silla de ruedas. Su capacidad funcional ha desaparecido. Esa persona morirá pronto, y no por la neumonía, que ya está curada, sino por vivir débil en silla de ruedas. Mucha gente no lo sabe, pero el mejor predictor de esperanza de vida es la capacidad de andar. Midiendo la velocidad de marcha de los ancianos se puede predecir, casi con precisión de una semana, cuánto van a vivir”.

Bueno, me voy, que me han entrado ganas de echarme una carrerita.

12 DE JUNIO DE 2014

Sigue leyendo
Email this to someoneShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on FacebookShare on LinkedInPrint this page

Puedes opinar

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *