Frases de medios

He pasado de la inconsciencia juvenil a la demencia senil sin enterarme

Imagen del pintor y humorista gráfico madrileño Andrés Rábago, El Roto.
Andrés Rábago, El Roto

Pues yo lo prefiero ahora. Para mí que el Andrés Rábago humorista ha mejorado mucho desde las primeras viñetas de aquel OPS surrealista del Hermano Lobo, volcado en el inconsciente, hasta las locamente realistas de El Roto. Con este heterónimo, el autor madrileño ha ido afilando su mirada sobre la sociedad hasta erigirse en uno de los grandes en el oficio de hacer pensar y sonreír con una pincelada.

A. Rábago (1947) es un reconocido pintor y dibujante. Aquí nos interesa su faceta como epigramista. El Roto lanza su humor, mordaz o irónico, nunca cómodo, a través de un dibujo, ilustrado casi siempre con un texto. Ese texto, en no pocas ocasiones, se reduce a una frase redonda ―pero con aristas― que a mi modo de ver funciona igualmente de forma autónoma, sin el apoyo de la imagen. Vamos a hacer la prueba. Yo suelto las citas y el lector decide si les falta algo ―¿quizá algún dibujo?― para que se entiendan cabalmente.

A fin de simular un poco de orden, empezaré por uno de los temas favoritos del humorista madrileño. Sin más preámbulos, a continuación tienen nada menos que:

♦ Las 10 mejores frases de El Roto sobre economía y trabajo

1. Si no trabajáis, seréis pobres; si trabajáis, también seréis pobres: ¡Elegid!

2. Ampliaremos la edad de jubilación a los setenta, pero no os preocupéis, a partir de los cuarenta ya no os contrataremos

3. Hay que pagar bien a los banqueros para que no se vayan a trabajar a otros sectores, de peones o camareros

4. ¡Austeridad! ¡Austeridad!, exigían airadamente desde los palacios

5. Cada vez que liberalizan algo, nos esclavizan un poco más

6. Vuestro nivel de vida es incompatible con nuestro nivel de codicia

7. ¡Llegar a rico me costó lo vuestro! Continúa

En un momento de lucidez, lo comprendió todo: comprendió que estaba loco

Imagen del escritor y neurólogo británico Oliver Sacks (montaje a partir de una foto de Luigi Novi).
Oliver Sacks | ⇒Un clic para ampliar

La memoria, la identidad y la demencia son tres ingredientes con los que se pueden cocinar historias terroríficas, como demostró Fredric Brown con el magistral microrrelato Pesadilla gris, recopilado en el inolvidable Pesadillas y geezenstacks (precisamente porque conozco el final, se me ponen los pelos de punta con solo releer el comienzo: “Se despertó sintiéndose maravillosamente bien, bajo el cálido y brillante sol de primavera”). Pero si les quitamos la confortable certeza de la ficción, el horror se vuelve insoportable. Y ahí es donde surge el genio del neurólogo británico Oliver Wolf Sacks (1933-2015). El título de esta entrada lo he extraído de una entrevista que le hizo Enric González para El País Semanal a finales de 2000. A la pregunta “¿Qué es la locura?”, Sacks respondía:

Permítame que le cuente algo que ocurrió hace ya algún tiempo en el Beth Abraham Hospital del Bronx, donde trabajo. Un exdirector del centro ingresó como paciente tres años después de jubilarse, con síntomas de demencia senil. Un día se puso la bata blanca, entró en su antigua oficina y empezó a repasar expedientes. Al cerrar uno de ellos, leyó su nombre. Le encontramos gritando, presa de convulsiones, horrorizado. En un momento de lucidez, lo comprendió todo: comprendió que estaba loco.

Oliver Sacks desarrolla este tenebroso asunto en El marinero perdido, uno de los casos clínicos que refiere en El hombre que confundió a su mujer con un sombrero (1985), y que encabeza con una cita de las memorias de Luis Buñuel que, en aras de la originalidad que caracteriza este blog, voy a cambiar por otra del mismo libro (Mi último suspiro). Continúa

Siempre me ha sorprendido que algunas personas inteligentes, además de infinidad de idiotas, puedan soltar frases del tipo “amo a mi país”

Imagen del escritor, traductor y editor madrileño Javier Marías (Madrid, 1951).
Javier Marías

El escritor español vivo más apreciado fuera de su país, Javier Marías (Madrid, 1951), es también un articulista fuera de lo común por su capacidad para descubrir tendencias sociológicas que, sin embargo, no suelen ser trending topic en “nuestros tiempos imbéciles”, uno de sus temas recurrentes. Marías achaca el creciente éxito del programa de idiotización ciudadana a que

Nuestra capacidad para tragarnos mentiras o verdades sesgadas es casi infinita, si nos complacen o dan la razón. El autoengaño carece de límites.

La gente de a pie tiene ―tenemos―, por tanto, una considerable cuota de responsabilidad en esta involución de la especie humana, como se puede observar en asuntos en apariencia tan nimios como la falta de decoro. Continúa