Frases oídas

Este es un país sin memoria, y nosotros tenemos la obligación de no dejar que a la gente se le olvide el horror, el dolor y el daño que somos capaces de causar

Para no dar lugar a equívocos, aclaro ya que la frase es del protagonista de Escobar, el patrón del mal, el narco colombiano calificado por la agencia antidroga estadounidense (DEA) como el mayor criminal de la historia.

El libretista (guionista) Juan Camilo Ferrand (1976) escribió en solitario la serie durante tres años por encargo de la colombiana Caracol Televisión, que la estrenó en 2012 (se puede ver en 113 episodios de media hora). Sus principales fuentes fueron el libro La parábola de Pablo, de Alonso Salazar, y testimonios directos de enemigos, amigos y familiares de víctimas de Pablo Emilio Escobar Gaviria (1949-1993). Con el Patrón del cartel de Medellín y otros personajes, la serie recurre a los nombres reales, mientras que los ficticios, a veces, casi lo son también (el sicario televisivo Marino se corresponde con Popeye, el senador corrupto Santorini con Santofimio, la familia mafiosa Motoa son los Ochoa, el narco el Mariachi es el Mexicano). Ferrand asegura que, en el guion, el 90% es verdad. Me lo creo. Si, como dice Andrés Parra, el asombroso actor que lo interpreta, Escobar era devoto de El Padrino, no es de extrañar que acuñase máximas como “la vida hay que vivirla irresponsablemente, pero con responsabilidad”, “si medio mundo me quiere matar, contratamos al otro medio mundo para que me defienda”, o “el día que haga algo malo, hágalo bien” (esta frase se la dice la madre cuando era niño, añadiendo: “no sea tan pendejo de dejarse pillar”). Y otras muchas sentencias que escribe el admirable y berraco Aaron Sorkin colombiano, algunas de ellas, lógicamente, de El Padrino (“mantén cerca a tus amigos, pero más cerca a tus enemigos”).

Antes de llegar a la cita que titula esta entrada, cuando ya es un asesino múltiple, narco y multimillonario, Escobar se reúne con un congresista que, con el leitmotiv de que “el poder vale más que la plata”, lo convence de que se meta en política. Pero la opinión de la gente más cercana no es muy favorable. Pedro Motoa, capo del cartel de Medellín, es el primero en utilizar un argumento que Escobar tendrá que oír más de una vez.

Juan Camilo Ferrand, guionista de ‘Escobar, el patrón del mal’.
Juan Camilo Ferrand | ⇒Un clic para ampliar

Motoa: Ese mundo de la política es un mundo muy corrupto. Los políticos son unos ladrones. Esos sí son bandidos de verdad, m’hijo.
Escobar: Ustedes no entienden ni la importancia ni la dimensión de esta oportunidad que se me está a mí dando. Señores, es que aquí no estamos hablando de meter 10 o 15 toneladas de cocaína hacia los Estados Unidos; aquí estamos hablando de meternos en el capitolio nacional, que es donde se crean las leyes de este país.
Motoa: ¿Y vos qué sabés de hacer leyes, hombre?
Escobar: Ellos tampoco, Pedro, ellos tampoco. Para eso contratan a practicantes universitarios, que los asesoran.
[Escobar le dice a Motoa que la liberación de su hermana, que había sido secuestrada por una guerrilla, solo fue posible gracias a un político que hizo tres llamadas, y no a su dinero ni a sus sicarios.]
Escobar: Ese es el verdadero poder político, Pedro.

Su socio y primo hermano, Gonzalo, le pide que deje “la huevonada de la política”. Continúa

Sabían que mentía y querían que mintiera. La gente respeta a quien miente por lo que cree, pues muestra fortaleza

En la sexta temporada de The Good Wife, Alicia Florrick (Julianna Margulies), que hasta entonces había ejercido de abogada, se presenta a las elecciones a fiscal del Estado. Tanto ella como su rival, Frank Prady (David Hyde Pierce), son nuevos en política, y en el curso de la campaña entablan una amistad que les lleva firmar un pacto de no agresión en cuestiones personales, como se ve en este pasaje en el que también intervienen un entrevistador de un periódico y Eli Gold (Alan Cumming), asesor de Alicia:

Entrevistador (dirigiéndose a Alicia): Usted no es tan simpática como el señor Prady, ¿verdad?
Alicia Florrick: Yo me considero simpática, pero, lo más importante: soy apasionada.
Eli Gold (aparece en la imaginación de Alicia): Así parece que reconoces que no eres simpática.
Alicia Florrick (dirigiéndose al entrevistador): Es que los últimos cinco años Frank Prady ha sido periodista…
Frank Prady (dirigiéndose a Alicia): Dijimos que no hablaríamos mal el uno del otro.

Para espanto de Eli Gold y de su jefe de campaña, Jonathan Elfman (Steven Pasquale), a Florrick le asalta un problema de índole moral. A pocos días de las elecciones se enfrenta al dilema de tener que mentir, en una entrevista periodística crucial para conseguir la victoria, sobre sus relaciones con el ex cliente de su bufete Lemond Bishop, el mayor narcotraficante de la ciudad, quien le había confiado que había creado en la sombra un comité de acción política (CAP) para apoyarla. Sus titubeos se plasman en escenas que Alicia imagina y en conversaciones con sus asesores.

“No importa si lo que dicen es cierto. El rumor existe. Tienes que responder”

Jonathan Elfman (llama por teléfono a Alicia): Tenemos un problema. Hay un blog llamado Escena Judicial. Están informando sobre algo que pueden preguntarte en la entrevista. Y tienes que responder […] Parece que hay una grabación donde Bishop supuestamente dice: “No te preocupes por si te arrestan. He comprado al próximo fiscal del Estado”.
Alicia Florrick: Dices que supuestamente hay una grabación. ¿La hay o no?
Jonathan Elfman: No importa si la hay. El rumor existe. Tienes que responder.
Alicia Florrick: ¿Cómo puedo responder si no sé si es verdad o no? Continúa

¿Qué nos queda cuando abandonamos la mentira? El caos

Fotograma del capítulo sexto de la tercera temporada de ‘Juego de Tronos’ (HBO).
Aidan Gillen y Conleth Hill en ‘Juego de Tronos’

Si, como acertadamente se dijo aquí, House of Cards es prolífica en citas de aroma shakesperiano, Juego de Tronos no le va a la zaga. La enrevesada serie de HBO basada en las novelas del estadounidense George R. R. Martin (1948) nos dejó esta perla en una de las catorce subtramas del capítulo sexto de la tercera temporada, la que se desarrolla en Desembarco del Rey, cuando el consejero de los Rumores, lord Varys (Conleth Hill), mantiene una tensa conversación con lord Petyr Baelish, El Meñique (Aidan Gillen).

Se podría pensar que estamos ante una frase propia de cualquier político ilustrado, pero lo cierto es que insignes intelectuales también han alumbrado ideas similares, como se encarga de recordarnos Woody Allen Continúa

Si nunca hiciéramos lo que no debemos hacer, no nos sentiríamos bien al hacer lo que sí debemos

Fotograma del capítulo 4 de la segunda temporada de 'House of Cards', protagonizada por el estadounidense Kevin Spacey (1959).
Kevin Spacey en ‘House of Cards’

Si hay una serie pródiga en frases redondas, esa es House of Cards. La que titula esta entrada corresponde a su protagonista, el ya vicepresidente de Estados Unidos Frank Underwood (Kevin Spacey), un político amoral, ambicioso y egoísta, dispuesto a cualquier cosa ―también al asesinato― con tal de escalar un peldaño en la pirámide del poder. ¡Ah!, qué identificados nos sentimos con su falta de escrúpulos, cómo deseamos que sus retorcidos planes lleguen a buen puerto. A veces, cuando se pasa de la raya, nos arrepentimos y esperamos que fracase, o que lo descubran, pero solo es un momento, hasta que nos seduce con esa expresión cómplice marca de la casa que atraviesa la cuarta paled y nos pone a su nivel.

¿Por qué nos atrae ese político maquiavélico y brutal y en cambio nos repelen hasta la náusea estos otros políticos ladrones y marrulleros que tanto abundan por nuestros lares? Creo que algunas sentencias de Underwood sobre el poder y el dinero lo explican por sí solas. Continúa

Me he tomado la libertad de recordar tu cumpleaños

Geoffrey Rush en ‘La mejor oferta’

El protagonista de La mejor oferta, Virgil Oldman (Geoffrey Rush), acreditado experto en detectar falsificaciones de obras de arte y en dirigir subastas, felicita de esta forma tan ceremoniosa ―y tan apropiada― a la que se ha convertido en su amada hacia la mitad de la película, que comienza con el cumpleaños del propio Oldman. Bueno, comienza el día anterior. Esa noche, al terminar su solitaria cena en un lujosísimo restaurante, el maître le sirve un postre con una vela encendida en el centro:

―Feliz cumpleaños, señor Oldman. Este año nuestro chef ha querido dedicarle una antigua receta de un postre renacentista hecha con crema pastelera y almendras amargas. Que lo disfrute.

Sin embargo, el agasajado deja que se consuma la vela sin probar bocado. Cuando regresa el maître, le pregunta:

―¿No ha sido de su agrado?
―Muy al contrario ―responde Oldman―, pero mi cumpleaños es mañana. Continúa

Todo lo que se demuestra es vulgar

Apunté esta frase en un viejo cuaderno que no visitaba desde entonces, y me volvió a encandilar, así que, aprovechando el calor del verano, me fui a la fuente y volví a ver El testamento de Orfeo o no me pregunten por qué (1960). La película está filmada en blanco y negro ―el que avisa no es traidor―, aunque incluye un leve toque de color ―nada, levísimo―. Se estrenó tres años antes de la muerte de su creador (director, guionista, protagonista, dibujante de los títulos de crédito), el polifacético Jean Cocteau (1889), un francés enjuto que además de cineasta fue poeta, pintor, actor, dramaturgo, músico, novelista, ensayista, crítico, diseñador… Mientras disfrutaba con el vídeo, entre alucinación y alucinación me he parado a tomar nota de algunas otras frases y diálogos antológicos. Continúa

Quien quiera mantener un secreto no debe confiárselo ni a sí mismo, porque podría dejar huellas

El actor italiano Toni Servillo en el papel de Giulio Andreotti en la película 'Il Divo', de Paolo Sorrentino.
Toni Servillo en ‘Il Divo’

Acabo de ver La gran belleza con mucha ilusión y me he llevado el típico chasco de tres pares. Con mucha ilusión, pero no porque le hayan dado el Oscar de 2013 a la mejor película extranjera, que también, sino porque su director es Paolo Sorrentino (Nápoles, 1970), que firma a medias el guion con Umberto Contarello, y por su protagonista, Toni Servillo. La ilusión venía de un extraordinario largometraje de 2008 que estuvo nominado para el Oscar al mejor maquillaje, pero que no lo logró: Il Divo, con dirección y guión (entonces se escribía con acento) de Sorrentino, y con Servillo en el papel de Giulio Andreotti (1919-2013), que es de quien trata la historia. Continúa

¿Cómo saber si su silencio era sincero?

La frase forma parte de Paréntesis (“el paréntesis cordial de unas caderas”), una canción publicada en 1987 en el disco Haz lo que quieras. Su autor, el inmarcesible Javier Krahe (1944-2015), andaba de gira por España interpretando temas de su obra más reciente, Las diez de últimas, cuando escribí la primera versión de esta entrada, en mayo de 2014. Decía que el naipesco título implicaba una velada amenaza para sus devotos seguidores, y me declaraba dispuesto a cantarle las cuarenta por el ultimátum.

Krahe siguió a lo suyo, como se aprecia en el vídeo subido a Youtube por maliZia Kiss, en el que interpreta Paréntesis en la madrileña Sala Galileo Galilei el 27 de mayo de 2015. Mes y medio después, el 12 de julio, dejaba de cantar para siempre. Pero sus devotos seguidores no creemos en la sinceridad de su silencio, estamos convencidos de que calló contra su voluntad, y no hemos dejado de escuchar sus irónicas, tiernas y geniales composiciones. Como Paréntesis, que nos cuenta la etílica historia del cantautor y su canción.

Más bien perplejo recorría las aceras.
“¡Oh!, cuán curiosa ―me decía― es la mujer”,
cuando el paréntesis cordial de unas caderas
interrumpió mi melopea y el anochecer.

Sus ojos negros bajo el ala de un sombrero
me sorprendieron, yo sentí su bisturí.
“¿Puedo besarte ―dije―, bella mosquetera?”,
y ella no quiso decir no, pero tampoco sí.

¿Cómo saber si su silencio era sincero?
Mi mano diestra hasta su cara se acercó.
“¿Puedo quitarte por lo menos el sombrero?”,
y ella no quiso decir sí, pero tampoco no.

“Conocí antes su lengua que su voz”

Se lo quité, naturalmente, y suavemente
y con su pelo su sonrisa vio la luz.
Una farola iluminó lo suficiente
y acarició mi corazón la pluma de avestruz.

Y nos besamos, vive dios que nos besamos,
que conocí antes su lengua que su voz.
“Si quieres ―dije― aquí mismo nos casamos”.
“Los barrenderos ―respondió― nos echarán arroz”.

“Llevo las llaves, casualmente, de El Retiro
que es un jardín con un palacio de cristal…”.
“Soy friolera y, retiro por retiro,
en mi buhardilla hay plantas y no se está nada mal”.

Y era verdad que era un bonito invernadero,
entre sus plantas unas cuantas de fumar,
y en la pared un gran retrato de Durero
que me miró un tanto celoso. Y la volví a besar.

Portada de 'Paréntesis', disco publicado en 1987 del cantautor madrileño Javier Krahe.
Javier Krahe

Hacia las seis de la mañana me lo dijo:
“Aún no lo sabes, pero soy una canción”.
Sí lo sabía, pero yo nunca corrijo
a una canción que está conmigo bajo un edredón.

“Ahora te vas y por la calle me recuerdas,
deja la llave del portal en el buzón
o si prefieres te la quedas, no la pierdas,
pero no vuelvas por aquí si no es con mi canción”.

Y regresé más bien perplejo a las aceras.
“¡Oh!, cuán curiosa ―me decía― es la mujer”,
tras el paréntesis fugaz de sus caderas,
y me abracé a mi melopea y al amanecer.

Como cualquier tipo en su situación, Krahe quería saber si el silencio de la bella mosquetera era sincero o no lo era. Ella sabía ―lo explica aquí Umberto Eco― que era fascinante.

ANTONIO SÁNCHEZ LORENZO | 12 DE JULIO DE 2016 (Actualización)