Fotos con mensaje

Por qué proteger las terrazas nos beneficia a todos

Terraza de un bar en una acera del barrio de las Letras, en Madrid.
Terraza en una acera del barrio de las Letras, en Madrid | ⇒Un clic para ampliar

De todos es sabido que los turistas vienen a Madrid, básicamente, por las terrazas. Doy fe de ello. En mis desplazamientos por el centro de la capital con Pilar, mi mujer, raro es el día que no se nos acerque una pareja de turistas mapa en mano para preguntarnos ―a veces con circunspección y disimulo pero con sonrisa cómplice, como si se interesaran por una actividad clandestina pero consentida― dónde se encuentra la afamada terraza del café tal, o del bar cual, o del restaurante tal y tal, o, sin más, dónde hay una terraza. En casos como este último sospechamos de inmediato y mantenemos alerta nuestros sentidos. No olvidamos una ocasión, en París, en la que nos abordó un parlanchín turista italiano para preguntarnos dónde se encontraba la torre Eiffel. En un tris estuvo de arramplar con nuestras pertenencias cuando, engreídos por la sapiencia que atesorábamos sobre los monumentos de la ciudad del Sena, le dimos la espalda y miramos hacia la torre, que alzaba su gigantesca mole a menos de un kilómetro del lugar donde nos hallábamos.

Antes los turistas buscaban el Prado o el Thyssen; ahora buscan terrazas

Hace algunos años, en Madrid, los turistas buscaban el museo del Prado o el Thyssen, o el palacio Real, o el parque del Retiro. Eran otros tiempos. Ahora, invariablemente, buscan terrazas. Y no es que lo diga yo; me remito a la autorizada opinión de un experto en el asunto, el secretario general de la Federación Española de Hostelería, Emilio Gallego: “Hay que proteger las terrazas porque son uno de los mayores atractivos que tiene esta ciudad”. Sí, señor. Tenemos que protegerlas, pobrecitas terracitas desvalidas, con sus enternecedoras cañitas y jarritas, no vaya a ser que por no hacerlo dejen de venir los turistas.

No dudo que sea cierto, como asegura el ayuntamiento, que ocho de cada diez terrazas del centro de Madrid carezcan de permiso o tengan expedientes abiertos por incumplir la normativa. Porque ahí está la gracia. Eso es lo que quieren los turistas: terrazas ilegales, impunes incumplidoras de las normas, que invaden, se apropian y amurallan el espacio público, que obstaculizan ―o impiden, sin más― el paso de la gente por plazas y aceras, que generan jarana y ruido por la mañana, por la tarde y, en especial, de noche y de madrugada. Fiesta, estridencias, alcohol, muy typical spanish. Nuestra economía depende de ello. La ciudad se empobrecería si fuese de otro modo.

Por eso, desde este modesto blog, ruego a los responsables del consistorio que no solo no sancionen a estos valerosos y audaces hosteleros que consiguen montar veladores en sitios inverosímiles saltándose la ley a la torera (¡ooolé!), sino que promulguen unas ordenanzas más restrictivas, pero, como ahora, sin perseguir a los infractores. El turismo agradecerá la dosis extra de adrenalina y placer culpable al saber que es mayor el peligro de mentirijillas que corre acudiendo a esas bulliciosas terrazas clandestinas donde todo es posible y el espectáculo está asegurado: desde desafinados coros de chillones cantantes ebrios hasta patéticos vecinos que aúllan de desesperación en las ventanas de sus pisos porque no los dejan dormir, provocando estruendosas risotadas que animan, aún más si cabe, el bullanguero ambiente (ya lo decía el dueño de un bar de La Latina, hace falta ser gilipollas para vivir en el centro y reclamar el derecho al silencio nocturno). En consecuencia, los ingresos de los hosteleros aumentarán y crearán más empleo, y habrá más riqueza y prosperidad para los madrileños.

“Hay que ser gilipollas para vivir en el centro y reclamar derecho al silencio”

Quienes objetan que este plan perjudica los ingresos municipales se equivocan por partida doble. Por un lado, porque, como aseguran sabios economistas y prestigiosos ministros del ramo, la creciente riqueza de la ciudad se trasladará inevitablemente ―mágicamente― a sus arcas. Por otro, porque el ayuntamiento, imitando la estrategia del fisco, podrá poner todo su celo y su menguado equipo de inspectores en vigilar de cerca a los timoratos, conocidos y controlados propietarios de esas dos de cada diez terrazas que cumplen las leyes sin que se les caiga la cara de vergüenza por su comportamiento antiturístico. Es más fácil, porque los cumplidores son muchos menos que los infractores; es más justo, porque son los que nada innovan ni arriesgan, y no solo en materia de defraudación, y es más eficaz, porque Continúa

La recuperación en dos carteles

Fotos de dos carteles de peluquerías madrileñas, uno de crisis económica y otro de recuperación.
Carteles de peluquerías en calles de Madrid (octubre de 2012 y septiembre de 2015) | ⇒Un clic para ampliar

Entre las numerosas señales que recibo a diario de la recuperación económica, no todas provienen de una manera o de otra de miembros del Gobierno, del partido que sustenta el Gobierno, de amiguetes del ídem, de medios afines al ídem, de empresas y banqueros ibídem. No. Mal que les pese a los que no les gusta que la cosa vaya a bien, también he detectado signos incontrovertibles en la economía de los barrios madrileños. Aquí traigo a colación dos ejemplos que incumben al castigado sector del estilismo o, como también se dice, peluquería. Compárense las dos imágenes que adornan este pie de fotos, ambas correspondientes a ese tipo de carteles que comerciantes y pequeños empresarios tienen por costumbre situar en las anchas aceras para informar amablemente a los despistados peatones. A la izquierda, he recuperado de mi archivo de la crisis la instantánea de la “Alta peluquería de caballeros” (octubre de 2012). Como se puede ver, es un cartel ilustrado a todo color, con llamativa foto de modelo masculino, y, pese a tanto esmero ―ahí está la marca inconfundible de la recesión―, con detallados e irrisorios precios, de 5 euros para niños y jubilados y de 6 euros para caballeros. La otra foto, la de la recuperación (septiembre de 2015), demuestra por un lado la típica desgana en el diseño de quien no tiene que hacer demasiados esfuerzos para conseguir clientes; sin modelo, sin trabajado juego de tipografía y colores: una simple pizarra escrita con tiza y apoyada de mala manera en una esquina entre andamios ―el símbolo urbano de la prosperidad hispana―. Y, lo que es más significativo, sin rebajarse a concretar las cantidades, se limita a alardear, yo diría que chulescamente, de “grandes precios”.

El reciclador de papel

Un hombre introduce cabeza y brazos en un contenedor de papel para reciclar de la ronda de Atocha, en Madrid.
Ronda de Atocha (Madrid, mayo de 2015)

Son ya muchos meses de recuperación económica oficial, y, claro, cada vez son más las personas que hurgan en los ajados contenedores de papel que hay por mi barrio, Lavapiés, para ver qué pueden pillar. Contribuyen a su modo a la noble tarea de separar los residuos, pues seleccionan los materiales más homogéneos y hasta los ordenan para luego llevárselos al comprador: aquí revistas, aquí periódicos, aquí cartones, aquí documentos personales de eventual interés. En uno de estos iglús, con tanto trajín la boca de entrada terminó rompiéndose, y lo que ahora queda es un hueco rectangular con afilados bordes de plástico rígido, no con los cantos redondeados y la protectora trampilla que había antes. Ahí está trabajando un recolector cincuentón de los de clase humilde, pues no arrastra un carrito de supermercado ―no digamos una furgo― como otros afortunados, sino que se conforma con unas modestas bolsas en las que, eso sí, cuidadosamente organiza el género por calidades y tamaños. Humilde, pero orgulloso de su labor de intermediario entre la ciudadanía sensibilizada por el medio ambiente y la industria del reciclado. Ah, si supierais lo que la gente echa en el contenedor azul, os caeríais de espaldas. Y eso que es el más simple, solo papel y cartón que no estén sucios, no hay lugar a dudas, como pudiera suceder en el verde, que admite vidrio pero no cristal, o en el amarillo, que sirve para metales, pero no para cuchillas de afeitar. Pese a su buena voluntad y a su concienciación, la gente, piensa nuestro hombre, es muy descuidada. Por eso los obreros que, como él, se han especializado en papel y cartón son necesarios para que el invento funcione, para ayudar ―y reproduce mentalmente un folleto que siempre lleva consigo, su biblia― “a reducir la tala de árboles y el gran impacto ambiental de su fabricación: su reciclaje reduce en un 74% la contaminación del aire y en un 35% la del agua”. Se merece sobradamente la minúscula compensación monetaria que obtiene con la venta. No es un carroñero que roba lo que otros devuelven a la sociedad, ni mucho menos.

No le preocupa que el boquete esté roto, hasta cavila que es una ventaja, porque así le será más fácil introducir cabeza y manos en el recipiente para discriminar la mercancía de mayor valor. Por suerte hay mucha luz en esa radiante mañana de un lunes primaveral, y el sol le ayudará a ver en el interior.

El hombre se mete por el agujero hasta las caderas, dejando fuera las piernas estiradas y los pies en alto. En esto que se acercan por el lugar cuatro jóvenes dando voces y empujándose entre ellos, un poco gamberros, un poco beodos, un poco drogados, y lo flipan cuando ven como brotan del iglú esas extremidades inferiores cubiertas por unos pantalones azules raídos, pero por el uso, con unas inaceptables zapatillas pasadas de moda. No pueden resistirlo, obligados por las hormonas, la química sintética y el instinto grupal, y entre bromas dan brincos para colgarse de las zapatillas y las piernas. Uno de ellos consigue pegar un soberbio salto, y cae de culo sobre el ídem del reciclador especializado. Es la gota que colma el vaso: los bordes del contenedor seccionan por la mitad el cuerpo, cuya parte superior ―si bien en este momento se halla en una posición inferior― se cuela en el receptáculo con un ruido sordo y un grito ahogado. En el exterior, al desprenderse su soporte, los chavales se dan unos buenos trompazos contra el suelo. Pero son jóvenes, y pronto se reponen del susto y se alejan entre carcajadas, haciendo comentarios jocosos sobre las piernas tronzadas, partidos de risa.

Antes de expirar, después de revivir en un instante su vertiginosa caída desde la próspera clase media familiar hasta la brutal indigencia solitaria, lo último que pasa por la mente del hombre es lo deshonroso que ha sido su final. Sin quererlo, pero eso no es excusa, ha arruinado el compromiso reciclador de tantos pacientes y probos ciudadanos, preocupados como él por el bien del planeta y de las generaciones futuras. Muere, se abochorna de pensarlo, Continúa

Para el lector inteligente

Foto de una tienda Desigual al comienzo de la primavera con un gran cartel que reza, en grande: “TODO ―50%”, y en diminuto “*colección invierno”.
Tienda Desigual en la plaza del Callao (Madrid, marzo de 2015) | ⇒Un clic para ampliar un pequeño detalle

Últimamente se oye mucho eso de “consumidor inteligente”. Lo que nos faltaba, dicen empresas y comerciantes, la crisis no solo ha traído una caída de las ventas sino que, por su culpa, el consumidor se ha vuelto un ser pensante y avispado. Ya no basta con colarle cualquier oferta estúpida y engañosa para atraparlo, ahora hay que prometerle descuentos como dios manda, y bajar los márgenes comerciales, y esas cosas tan lacerantes.

Yo no digo que no, que muchas empresas no se hayan visto obligadas a reducir sus márgenes. Tampoco afirmo que antes los tuvieran demasiado altos. Pero esta expresión no deja de ser una técnica de marketing para halagar la vanidad del ciudadano con el fin de que consuma, eso sí, inteligentemente. Oiga, que usted se ha vuelto un lince y ya no podemos darle gato por liebre, así que demuéstrelo y compre esto. En lenguaje publicitario español, you are the smart shopper.

Es como cuando se habla de humor inteligente, no para alabar la calidad del espectáculo, sino para adular al público. O de agencias de inteligencia, cuando se ha demostrado hasta la saciedad ―gracias, Edward Snowden― que ahora son más de espionaje que nunca (el próximo paso será llamar inteligentes a los espías: una película de inteligentes, o un nido de inteligentes).

Valga un botón como muestra de las compañías que se dirigen al consumidor inteligente. En la foto de arriba, tomada al comienzo de la primavera, se puede ver un gran cartel a la entrada de una tienda Desigual en el que el monumental TODO -50% resulta que solo incumbe a los restos de la colección de invierno (este pequeño detalle se debería ver haciendo clic sobre la foto).

23 DE MARZO DE 2015

‘Ha sido un placer vivir mi vida con vosotros’

Foto de un escaparate de Almacenes San Carlos, en Madrid, antes de cerrar, en el que un cartel reza: “Ha sido un placer vivir mi vida con vosotros. Rosa”.
Escaparate de los Almacenes San Carlos en la calle de Atocha (Madrid, febrero de 2015) | ⇒Un clic para ver un detalle de otro cartel

¿Quién, salvo los malvados caseros, no siente simpatía por esos comerciantes tradicionales que han tenido que cerrar sus pequeños negocios, o están en ello, a causa de la inicua Ley de Arrendamientos Urbanos? Son tenderos y hosteleros que firmaron el alquiler hace treinta años como mínimo, y que pagaban unas rentas del orden de la tercera parte, sino menos, de lo que se paga ahora por lo mismo. Según la ley esos contratos ya no valen, y los inquilinos deben renegociar el precio con los propietarios, es decir, aflojar el triple o más. Algunos aseguran que hacían competencia desleal, pues el arrendamiento es clave en la estructura de costes de estos negocios, y que si no renuevan es porque no eran competitivos. Otros aducen que de este modo los cascos históricos de las ciudades se van a convertir en “todo franquicias y chinos”, como expone un cartel en el escaparate de los Almacenes San Carlos, un local de lencería de la calle de Atocha, en Madrid. Dicen las clientas que allí atendían de maravilla, y que Rosa, la jefa, solía acertar con lo que cada una deseaba y no se molestaban en buscarle en los Women’Secret de turno. No lo dudo. Y aunque nunca he tenido el gusto de ser cliente, para mí, Rosa, como paseante habitual de la zona, también ha sido un placer. (Y no creo que sienta lo mismo cuando la franquicia o el chino que ocupe su lugar cierre ―porque vaticino que será mucho antes de los 84 años que ha estado abierto Almacenes San Carlos―. Bueno, seguro que llegado el caso tampoco pondrán un aviso tan entrañable como este: ¿se lo imaginan en el escaparate de un McDonald’s, o de un Oysho?).

17 DE FEBRERO DE 2015

Todo Todo Todo (excepto temporada)

Foto del escaparate de una tienda de ropa en el que varios carteles rezan: “Todo Todo Todo”, “-70%”, “excepto temporada” y “se necesita dependienta”.
Escaparate de una tienda de ropa en el centro de Madrid (enero de 2015) | ⇒Un clic para ampliar un pequeño detalle

Bueno, en principio, para un lego en la materia como el que suscribe, se puede considerar que hay una contradicción entre el superdescuento del 70%, propio de una buena crisis, y el cartel de “se necesita dependienta”, indicio de que la recuperación anda al acecho. Claro que falta por conocer las condiciones económicas y laborales de las que gozará la afortunada, así como las correspondientes formas de pago. Y quizá ―solo quizá― ninguna de ellas va a ser nada de fiar en absoluto, vistos los otros elementos del conjunto: esos tres grandes TODO TODO TODO sobre el no menos colosal -70% y ese, en comparación, diminuto EXCEPTO TEMPORADA. ¡Ah!, a no ser que dicho “excepto temporada” se refiera al otro cartel, “se necesita dependienta”, este sí de su mismo tamaño ―aunque, ojo, de distinto color, ahora negro en vez de rojo―, lo que apuntaría al típico puesto temporal para la época de rebajas ―¿un trabajo en negro?, ¿un sitio en el que hay que trabajar como un negro?―. No sé, no sé (porque no me creo que lo del “-70%” afecte a “se necesita dependienta”, pero vete tú a saber ―y si lo hiciera, cómo sería: ¿una dependienta extremadamente bajita?, ¿por qué?, ¿qué cualidades específicas para el trabajo en un comercio de moda podría suponer ese detalle frente a una mujer de estatura normal?, ¿es posible que la bajísima talla guarde relación con el ego de determinados clientes no muy altos, que así podrían mirarla por encima del hombro?, o, cambiando de enfoque, ¿estamos hablando de una micronómina de supercrisis?―). Es un asunto ciertamente complejo. Voy a releerme la entrada “excepción” del Diccionario del diablo, por si me refresca un poco las meninges.

Regalo* gratis

Foto de cartel que reza, en grande: "Regalo* gratis"; y en diminuto: "*Consultar términos y condiciones en el interior".
Cartel de The Body Shop en la calle de Fuencarral (Madrid, diciembre de 2014) | ⇒Un clic para ver un pequeño detalle

Considerar que la gente, los ciudadanos, el público, es imbécil está tan extendido que se puede afirmar que es la norma entre quienes se dirigen a grupos más o menos amplios. Me gustaría pensar que este tratamiento se debe a que los que lo practican son ellos mismos completamente idiotas, y que no hacen más que ponernos a su nivel, lo cual incluso sería de agradecer, pues nos considerarían como sus iguales. Pero lo cierto es que, aunque efectivamente la mayor parte de ellos son estúpidos, se creen lumbreras, y si nos tratan como a estúpidos no es por deferencia, sino porque entienden que nosotros sí lo somos, y mucho. Los datos los avalan. La ciudadanía entendida como electorado demuestra su estulticia una y otra vez apoyando incondicionalmente a políticos corruptos; la gente convertida en clientela no deja de comprar productos y servicios en empresas donde procuran engañarla por todos los medios a su alcance; el público en su papel de audiencia avala obras, medios o espectáculos que luego no se atreve a defender o ni siquiera se le ocurre cómo hacerlo.

La clave está en el principio, pues sin la laxitud de los políticos que nos gobiernan, y por tanto del electorado que los elige una y otra vez, nada de esto sería como es: si hubiera transparencia real (o sea, virtual: todos los gastos con dinero público expuestos en Internet) la corrupción no habría podido llegar hasta donde ha llegado, si se defendiera de verdad a los consumidores sería imposible estafarlos con tal desparpajo, si se apoyara a los buenos artistas… Ejem. Bueno, esta pata de la divagación no viene a cuento, que el cartel no tiene nada que ver con los artistas.

Ó ere el mejor o no ere nadie

Foto de una pintada junto al portal de una casa madrileña en obras que reza: “En esto o ere el mejor o no ere nadie”.
Foto de una calle del barrio de Malasaña (Madrid, noviembre de 2014) | ⇒Un clic para ampliar

Tan malacostumbrados estamos a la omnipresente corrupción que casi sin darnos cuenta aceptamos que todo viene a ser lo mismo, que las mejores, los más preparados, nunca son quienes ocupan los puestos relevantes, sino los que no tienen otro mérito que ser machos, o amiguetes de la infancia del que manda, o los cuñados, o los compañeros de grupo, que dan igual sus conocimientos o su formación, porque lo mismo valen para dirigir un banco que para asesorar a una empresa energética; que la única cualidad que importa es la capacidad de adulación, la presteza para aplaudir cualquier memez que diga el que está arriba, o de reírle las supuestas gracias; que la competencia es solo una broma, porque lo más que se le parece es la habilidad del sedicente empresario para enviar los regalos adecuados al político de turno que le puede otorgar una concesión, o una recalificación, o un contrato público ―troceado si es preciso para que no se conozca por el público―.

Pero no, amigas, no se cuecen habas en todas partes. En estos oscuros y lovecraftianos tiempos, la ineptitud y la chapuza campan a sus anchas en las alturas, sí, pero no siempre infiltran su hálito fétido envuelto en caros perfumes hacia los niveles inferiores. En el bullicioso inframundo, tan lejos del engañoso resplandor de los palacios, hay multitud de profesiones, incontables oficios, en los que solo pueden brillar los mejores y las más preparadas, en los que no hay nepotismo que valga, donde la plutocracia no tiene nada que hacer, donde, como señala la certera pintada de la foto, “ó ere el mejor o no ere nadie”. (Bueno, hace falta afinar un poco la ortografía, pero eso ya sería la leche, o sea, la excelencia).

Se venden libros y zapatillas

Una librería que ha diversificado su negocio añadiéndole la venta de zapatillas.
Tienda de libros y zapatillas en el barrio de As Camelias (Ourense, octubre de 2014) | ⇒Un clic para ampliar

Son muchos los libreros que han descubierto con asombro que los márgenes comerciales del café sí que son de fábula (redondeémoslos entre el 500 y el 1.000%, frente al 20 o 25% de los libros), y, como un buen café y un libro combinan de maravilla si el camarero no mete prisas y el entorno es agradable, han proliferado acogedoras librerías-cafeterías que han conseguido salvar los anaqueles. Las hay de nueva planta, mientras que otras han sabido y podido incorporar esta fantástica línea de negocio, que en no pocos casos ha supuesto su balda de salvación. Porque, como es sabido, el comercio del libro no anda boyante, y la desesperación hace mella en los libreros tradicionales.

Esta otra opción de la librería de la foto es, cuando menos, innovadora. Quizá parezca una locura, una idea nacida de la desesperación, pero si bien se mira tiene su lógica: llegas a casa después de un duro día de lo que sea, te pones las pantuflas y lees un libro cómodamente repantigado en un sofá. Habrá que estar atentos a ver cómo le va, o si el establecimiento termina acoplando una máquina de café y, como sugiere la foto, una terraza con unas sillas y unas mesas (sin que eso suponga descartar las zapatillas). Porque me temo que el margen del calzado, aun triplicando el de los libros, no le llega a la suela de los zapatos al del café.

Romper el cristal para acceder al martillo rompecristales

Foto de un paradójico sistema de seguridad en trenes de Cercanías de Renfe, que reza: «Martillo rompecristales: romper este cristal para acceder al martillo».
Cartel de un tren de Cercanías de Renfe (Madrid, agosto de 2014) | ⇒Un clic para ampliar

Tengo predilección por las ideas y las frases autorreferentes, del tipo: “La experiencia nos enseña que la experiencia no sirve para nada”, del humorista Jaume Perich; o: “No hay una segunda oportunidad de causar una buena primera impresión”, de la modista Coco Chanel; o: “Me siento muy optimista sobre el futuro del pesimismo”, atribuida por Adolfo Bioy Casares a Jean Rostand, biólogo francés (“El biólogo pasa; la rana permanece”); o como el insulto que citaba Paul Krugman, dirigido por el periodista Ezra Klein al político del Partido Republicano Dick Armey, expresidente de la Cámara de Representantes estadounidense: “[Encarna] la idea de una persona estúpida sobre cómo es una persona reflexiva”. Por eso no me canso de leer el cartel de este paradójico y sofisticado sistema de seguridad de los Cercanías de Renfe. Espero no necesitarlo nunca.

Utilice la puerta cerrada

Foto de la fachada del Cine Doré, sede de la Filmoteca Española, en Madrid.
Sede de la Filmoteca Española (Madrid, agosto de 2014) | ⇒Un clic para ampliar un pequeño detalle

Aprovechando que el madrileño Cine Doré celebra su vigésimo quinto aniversario como sede de la Filmoteca Española, y tentado por esta información de eldiario.es, me acerqué a disfrutar de su original programación. Pero, a pesar de que me esforcé por seguir la señalización (se puede ver haciendo clic en la imagen), no conseguí entrar. No sé si alguien más, al ver los carteles, habrá recordado esas señales confusas que emiten las mujeres para orientar a los hombres inseguros. Volveré.

Salvemos los rincones con solera

Foto tomada en la calle de la Magdalena, en Madrid.
Calle de la Magdalena (Madrid, julio de 2014) | ⇒Un clic para ampliar un pequeño detalle

No me digan que no es bonito. Y eso que la imagen, quizá por la impericia del fotógrafo o por una iluminación inapropiada, no capta como se merece la belleza de esta expresión arquitectónica del céntrico urbanismo madrileño, y tampoco, por limitaciones tecnológicas, la solera y la raigambre de sus aromas y fragancias, que despiertan nuestras más profundas emociones cual magdalena de Proust. Esto hay que preservarlo. Los que hacemos Cita a las Diez hemos resuelto aportar nuestra autoridad moral para respaldar el gritito de socorro (se ve haciendo clic) que lanza el humilde cartel al solicitar a los desalmados que no fijen ahí sus vandálicos carteles. Salvemos entre todos este emotivo y primoroso rincón.

El secreto de Podemos

Foto de la sede de Podemos, en el número 21 de la calle de Zurita, de Madrid
Primera sede de Podemos en la calle de Zurita (Lavapiés, Madrid, mayo de 2014)

Políticos, politólogos, estadísticos, tertulianos, policías, periodistas, grandes empresarios, banqueros, terroristas, obispos, gurús y demás integrantes de las castas más variopintas, todos se preguntan cuál es el secreto de Podemos. Cuál es la suerte de magia que en solo cuatro meses ha llevado al partido del (atención) profesor Pablo Iglesias desde la nada hasta recibir el voto de 1,25 millones de españoles y a lograr que abdique un monarca que llevaba 39 años en el poltrono sin rendirle cuentas a nadie. En Cita a las Diez tampoco somos tan ingenuos o tan necios como para creer que Juan Carlos I se ha convencido motu proprio de que debería someterse a unas elecciones si quiere presidir el Estado, o que la gente ha votado libremente a Podemos porque confía en su programa y en sus líderes y desconfía de los correspondientes de los grandes partidos que nos han gobernado a la sombra del rey en estas tres largas décadas de democracia. No. De ninguna manera. También sabemos que ocultan un terrible secreto. Continúa

Homenaje de Vodafone a Emirates y Azerbaijan

Foto de la plaza de Vodafone Sol, en Madrid, con camisetas gigantes de Fly Emirates y Azerbaijan land of fire colgando de la fachada de la sede de la presidencia de la Comunidad.
Puerta del Sol (Madrid, mayo de 2014) | ⇒Un clic para ampliar

En un gesto que le honra, el presidente de Vodafone homenajea a los ―en estos días― eternos rivales, Emirates y Azerbaijan, que como todo el mundo debería saber están en trance de disputar la final de la Champions League (¿tengo que reiterar que es este trascendental sábado, 24 de mayo de 2014, en la ciudad donde nació António Lobo Antunes?; ¿no podemos dejar de pensar, aunque solo sea por un instante, en la fecha de las elecciones al Parlamento Europeo?). Para conmemorar tan irrepetible e histórico único acontecimiento, Vodafone les ha cedido dos generosos espacios en la fachada de la sede de su filial en Madrid, feliz circunstancia que Fly Emirates y Azerbaijan land of fire han aprovechado para poner sus gigantescas camisetas a secar al Sol (al Sol de Vodafone, claro está).

20 DE MAYO DE 2014

Y luego dicen que el arte es caro

Intervención de los artistas E1000 y Pablo S. Herrero en los muros de Tabacalera, en Madrid.
Intervención de E1000 y Pablo S. Herrero en los muros de Tabacalera (Madrid, mayo de 2014) | ⇒Un clic para ver un detalle

Los muros que rodean Tabacalera, a la entrada del barrio de Lavapiés, se han convertido en la nueva galería madrileña de arte al aire libre. Gran idea, a juzgar por la cantidad y la categoría de los que nos hemos acercado a ver a los artistas en acción, y resulta que está patrocinada por el Ministerio de Cultura (no es broma). Eso sí, la idea es de Madrid Street Art Project.

32 artistas se han beneficiado de esta iniciativa. E1000 y Pablo S. Herrero han pintado el área principal, en la glorieta de Embajadores. Pero como se ve en el detalle, si se hace clic en la foto, no todo el monte es orgasmo, que diría el amigo Guti.

13 DE MAYO DE 2014

Contra algunos ERE

Pancarta vista en la calle de Alcalá, en Madrid, firmada por el sindicato CGT, en apoyo de Tragsatec, que reza: "No a los Eres en lo público".
Pancarta vista en la calle de Alcalá (Madrid, marzo de 2014) | ⇒Un clic para ampliar

O sea, ¿que sí a los ERE en lo privado?

Vaya por delante que me alegra que la Audiencia Nacional haya anulado el Expediente de Regulación de Empleo (ERE) en la empresa pública Tragsa, que suponía el despido de nada menos que 1.336 trabajadores, como explica aquí mi buena amiga Begoña P. Ramírez en Infolibre.

Pero la idea que transmiten los autores de la pancarta firmada por la Confederación General del Trabajo en apoyo de Tragsatec, filial de Tragsa, no me acaba de convencer. Yo diría que sobra “en lo público”. No a los ERE, y punto. Y más, si cabe, viniendo de un sindicato. Continúa

Rebajas del 20% en tostas y raciones

Tapería Baccus XII, en la rúa Hermanos Villar de Ourense, con descuentos del 20% en tostas y raciones.
Rúa Hermanos Villar (Ourense, febrero de 2014) | ⇒Un clic para ampliar un detalle

Las fórmulas de marketing se cruzan, son transversales, y saltan de un sector a otro. Las rebajas en tanto por ciento han traspasado los escaparates de las tiendas para llegar a las pizarras de los bares. Eso sí, como consumidor experimentado debo decir que, a estas alturas de la película de terror de la crisis, considero que un 20% es más que insuficiente. Apoyo el argumento con lo que me decía un contrito comerciante, que ahora es difícil que el público vuelva la cabeza si lo que se le ofrece no llega al 50%. Pero claro, desconozco si en los bares, por la novedad, el umbral es distinto. A mí, lo reconozco, consiguió atraerme este 20% en tostas y raciones.

Bankia, hogar del pensionista

Chabola instalada en la calle de Argumosa de Madrid, en la puerta de una sucursal de Bankia cerrada, con un cartel que reza "Hogar del pensionista".
Calle de Argumosa (Madrid, febrero de 2014) | ⇒Un clic para ver unos detalles

El chabolismo urbano madrileño se extiende desde hace años por los rincones de las zonas céntricas en los que aún es posible plantar unos cartones para levantar un precario cobijo. Esta favela cercana al Centro de Arte Reina Sofía ha surgido de las ruinas de Bankia. Más concretamente, de una sucursal de la caja rescatada, según dicen, con 22.424 millones de dinero público (unos 500 euros por español, bebés, parados y banqueros incluidos). Por lo menos, ha servido para algo. Y debe de ser un rincón muy apetecible, y por tanto con muchos pretendientes. Pero nuestro pensionista es un hombre con recursos: como se puede apreciar en el detalle, el ocupante se las ha agenciado para hacer instalar una moderna cámara de vigilancia.

Todo es una selección

Publicidad de El Corte Inglés con un enorme TODO -50% referido a una pequeña selección de una selección de marcas.
Anuncio de El Corte Inglés en prensa (enero de 2014) | ⇒Un clic para resaltar un detalle

Los comerciantes no cejan en su empeño de convencernos de que no podemos dejar pasar esta oportunidad para comprar sus productos con un descuento irresistible. Pero a estas alturas de la crisis, después de un lustro de caídas continuas del consumo y de no menos continuas ofertas y rebajas para animarlo, resulta cada vez más difícil llamar la atención del público para que se dé una vuelta por el local o, por lo menos, para que le eche un ojo al escaparate. Por eso, como es natural, los tenderos se ven obligados a recurrir a todo tipo de triquiñuelas. Un amigo me puso sobre la pista de este anuncio en prensa del mayor tendero del país, El Corte Inglés, que consigue transformar en un considerable TODO una pequeña selección de artículos correspondientes, a su vez, a una selección de marcas de moda y una sola de deportes ―una selección dentro de una selección―.