Titular que provoca por triplicado

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Ya se sabe que las prisas, azuzadas por Internet, provocan estas cosas. Conjeturo que, al rebufo del tan comentado incidente de Esperanza Aguirre y Gil de Biedma con unos agentes de movilidad en la misma semana, al redactor de elplural.com le pudo la ansiedad por ser el primero en dar una información que guarda cierta relación con la anterior: un juicio por un accidente de tráfico en el que se vio implicada otra mujer de ideología similar a la condesa consorte y celebrado dos días antes. A esto hay que añadirle que se trataba de un sábado, día en el que las redacciones suelen adelgazar notoriamente, y, por tanto, los controles de calidad se relajan.

Antes de explayarme un poco más con el titular, que fue el principal de la página de apertura del citado medio y de la sección correspondiente, debo decir que se rectificó ―no sé al cabo de cuánto tiempo― por este otro, en el que, al menos, se eliminaron las redundancias: «La justicia decidirá si Curri Valenzuela, ‘otra que tal’, provocó graves heridas a un joven tras saltarse un stop».

Si ya de por sí la triple aparición del verbo “provocar” resulta llamativa ―está bien, no lo resisto: provocativa― en un texto tan corto, aparte de otras incorrecciones lingüísticas, lo más chocante es que, si nos atenemos al Diccionario de la lengua española (DRAE), está mal empleado las tres veces.

Esto es lo que decía el filólogo socarrón Fernando Lázaro Carreter (1923-2004), que dirigió la Real Academia Española entre 1992 y 1998, en la recopilación de artículos El nuevo dardo en la palabra (2003):

Seguro que aún abundamos los capaces de encontrar normales cosas así: «Las lluvias causan estragos en China»; «El fracaso de las negociaciones produjo consternación en la gente», «El incidente motivó la suspensión del acto», «La metralla le ocasionó heridas leves», «Lo que dijo el simplón del alcalde ha suscitado comentarios muy jocosos», «Su actitud va a determinar que lo abandonen los amigos», «La noticia ha originado una nueva caída de la Bolsa» etc., etc. Pero las palabras escritas en cursiva [o redonda, según donde se lea] parecerán superfluas a muchos informadores, que están a punto de enterrarlas y de izar sobre su tumba, en medio del camposanto, la bandera de provocar. Si en las frases anteriores sustituimos los vocablos señalados por el verbo provocar, estaremos hablando el lenguaje de la modernidad. Vítor.


Publicado en Elplural de Madrid (5-4-2014).

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