Siempre me ha sorprendido que algunas personas inteligentes, además de infinidad de idiotas, puedan soltar frases del tipo “amo a mi país”

Imagen del escritor, traductor y editor madrileño Javier Marías (Madrid, 1951).
Javier Marías

El escritor español vivo más apreciado fuera de su país, Javier Marías (Madrid, 1951), es también un articulista fuera de lo común por su capacidad para descubrir tendencias sociológicas que, sin embargo, no suelen ser trending topic en “nuestros tiempos imbéciles”, uno de sus temas recurrentes. Marías achaca el creciente éxito del programa de idiotización ciudadana a que

Nuestra capacidad para tragarnos mentiras o verdades sesgadas es casi infinita, si nos complacen o dan la razón. El autoengaño carece de límites.

La gente de a pie tiene ―tenemos―, por tanto, una considerable cuota de responsabilidad en esta involución de la especie humana, como se puede observar en asuntos en apariencia tan nimios como la falta de decoro.

Me temo que si ha cambiado esta actitud pudorosa, de ocultación natural de lo que nadie ha de ver, es por una sandez más de nuestros tiempos imbéciles. Hay parejas que presumen no solo de no tenerse secretos, sino de aceptar todo lo del otro como prueba de sus absolutos amor o incondicionalidad. “Quiero todo lo tuyo, abrazo cuanto de ti procede”, viene a ser la formulación implícita o explícita. “Nada tuyo me repugna, ni me avergüenza, ni disminuye mi amor”. Y eso incluye, posiblemente, asistir a las deposiciones del ser amado con expresión de arrobo y no de asco o desazón.

“Si al mundo se lo toma por tan tonto es porque quizá haya llegado a serlo”

Pero, claro, la vasta difusión de la pandemia idiotizante necesita poderosos canales para hacer llegar sus memes a todo el mundo.

Al mundo se lo toma por tan tonto (quizá haya llegado a serlo) que los responsables de los medios saben que una imagen, lejos de valer más que mil palabras, es fácilmente descalificada y anulada por unas cuantas frases, deslizadas antes o después de la contemplación de aquella.

Es grave que hayamos alcanzado un grado de idiotez en el que pueda prevalecer lo que nos aseguran que ocurre sobre lo que vemos que ocurre.

Canales que utilizan con desparpajo los políticos en general.

Tengo la sensación de que nos vamos adentrando en una de esas épocas en las que se tiende a juzgar superfluo cuanto no trae provecho inmediato y tangible. Una época de elementalidad, en la que toda complejidad, toda indagación y toda agudeza del espíritu les parecen, a los políticos, de sobra o aun que estorban.

Y los gobernantes en particular.

La operación empezó ya con brío antes de agosto, y prepárense para lo que ha de venir, es interesante: el Gobierno de Rajoy intentando convencer a la población de que las cosas son exactamente lo contrario de lo que esta vive, percibe y padece a diario. Si el Gobierno lo consigue, habrá que aceptar que la realidad ya no cuenta y que somos peleles idiotizados, incapaces de pensar ni ver por nosotros mismos, meros rehenes de la propaganda institucional (y de los medios de comunicación afines, o más bien serviles, o temerosos en algunos casos); que las palabras falsas poseen más fuerza que las evidencias y que nos hemos convertido en seres domesticados y en completos bobos. Todo puede ser.

“Cuando los abusos son la regla, no hay más remedio que emporcarse”

Pero el escritor, editor y traductor madrileño no es de los que se conforman con ponernos ante del espejo.

Nos encontramos en una situación de emergencia que obliga a mancharse con la suciedad que esparcen nuestros gobernantes de todo signo. Cuando los abusos no son la excepción, sino la regla; cuando no se da abasto a contrarrestar ―qué digo: a señalar― los desmanes y tropelías, entonces no hay más remedio que emporcarse. Ningún combate se libra desde el tendido.


(Pasajes extraídos de columnas publicadas en El País Semanal que también se pueden leer en el blog de Javier Marías.)

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