‘El oráculo’

(Relato nº 5 de 50 asesinatos breves y un prólogo).

 

Antes de hacerle la gran pregunta, probó a fondo las artes adivinatorias del artefacto, que vaticinó el índice de inflación, los números premiados de la lotería, los homicidios que días después publicarían los diarios, la canción que sería número uno en las listas; todo ello con absoluta exactitud. Entonces se armó de valor y le hizo la gran pregunta. «¿Viviré dentro de cincuenta años?». «Serás un cadáver», le respondió con indiferencia. Fue un mazazo, pero aún le quedaba mucho tiempo. «¿Viviré dentro de treinta años?». «¿Y dentro de quince?». La monótona respuesta de la máquina, como una gota de agua que horadase parsimoniosamente su cerebro, lo enloquecía a medida que la interrogaba.

«¿Dentro de una semana?». «¿Mañana?». Su corazón descontrolado recibió otra estocada: «Serás un cadáver».

Le hizo la gran pregunta. «¿Viviré dentro de cincuenta años?». «Serás un cadáver», le respondió con indiferencia

«¿Dentro de seis horas?». Qué más daba ya. «¿Cuándo moriré?», inquirió, horrorizado. «Serás un cadáver», dijo una vez más el ingenio. En ese momento falleció aterrorizado, aparentemente incapaz de comprender la incongruencia sintáctica de la última respuesta de la máquina que, como luego se comprobó, se había averiado en el momento de responder a la primera pregunta.

Es cierto que, aunque deteriorado, el artefacto adivinó el momento del fin de su artífice, pero persiste una duda: ¿Es posible que este no detectase que la última respuesta denotaba con meridiana claridad que se había averiado? ¿Acaso decidió inconscientemente que debía morir para que su ingenio, la obra maestra de su inteligencia, no sufriera la humillación de equivocarse en un vaticinio tan trascendente?


Otros relatos:
01. Los visitantes
22. El interruptor
55. Los cinco herederos

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