‘Los visitantes’

(Relato nº 1 de 50 asesinatos breves y un prólogo).

 

Llegaron a la hora del café. A nadie habían avisado; nadie los esperaba.

Los observaron sorprendidos y atemorizados por la mirilla panorámica de la puerta del apartamento. Lo habían alquilado para alojarse en las vacaciones de verano con sus hijos, a los que hicieron gestos apremiantes para que guardaran silencio. Los dos jóvenes matrimonios se miraban compungidos. Uno de los hombres preguntó en voz baja a los demás si alguno había cometido la temeridad de darles la dirección a los visitantes. Respondieron que no con enérgicos movimientos de cabeza. Si no tuvieran la maldita costumbre de poner tan alto el volumen del televisor…

Los observaron sorprendidos y atemorizados por la mirilla panorámica de la puerta del apartamento

El temor fue dejando paso al pánico a medida que tomaban conciencia de la gravedad de la situación. Bastante duro era tener que soportar sus visitas periódicas durante once meses al año allá, en la ciudad, para que ahora invadieran de improviso su refugio veraniego. Pero empezaban a asumir que no les quedaba otro remedio que franquearles el paso.

Para mayor infortunio, se encontraban en su segundo día de vacaciones, y seguro que tendrían que aguantarlos durante el resto del mes. De golpe, todos sus planes de diversión y descanso se venían abajo. Casi preferían que fuera el último día, aunque significara volver a la rutina laboral: no sería peor que compartir su ocio diario con los visitantes. Por eso, pese a la delación del televisor, si desde el otro lado de la puerta no hubieran gritado «abrid, sabemos que estáis ahí», se habrían arriesgado a ignorar las insistentes llamadas.

Les hicieron pasar con una sonrisa, diciendo: «Qué agradable sorpresa», «cómo vosotros por aquí». Ellos entraron renqueantes pero alegres, diciendo: «Conseguimos permiso en el asilo para disfrutar el mes de vacaciones con nuestros hijos y nietos, y aquí estamos».


Otros relatos:
05. El oráculo
22. El interruptor
55. Los cinco herederos

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