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«La incertidumbre se llevará hasta un punto del PIB en 2016»

Detalle de la portada de ‘Expansión’ del 28 de diciembre de 2015
‘Expansión’ (28 de diciembre de 2015)

Era sabido que los economistas solo acertaban cuando pronosticaban el pasado, pero hoy en día ya ni eso. A muchos de ellos les ha dado ahora por modificar el pasado a su conveniencia para vaticinar que el presente es el resultado de ese ayer imaginario que nos endilgan como real. Así nos pueden explicar muy ufanos que la crisis mundial en la que seguimos metidos después de siete años de vacas flacas se produjo por cualquier cosa menos por lo que realmente se produjo, es decir, por “los bancos sin control y la deuda privada”, en palabras del economista Paul Krugman, que también dice:

George Santayana comentó acertadamente que “quienes no recuerdan el pasado están condenados a repetirlo”. Lo que no señaló fue que algunas personas quieren repetir el pasado; y que a esa gente le interesa asegurarse de que no recordemos lo que pasó, o que lo recordemos de un modo erróneo.

Otro economista estadounidense, John Kenneth Galbraith, señalaba que “la única función de las previsiones económicas es hacer que la astrología parezca una ciencia respetable”. Y un economista español, Fernando Trías de Bes, sostenía hace poco con lógica implacable: “Cada vez que un economista pronostica qué pasará, está estafándote”.

Sin embargo, el reiterado ―y predecible― fracaso de sus predicciones no hace mella en los economistas y en los prestigiosos organismos que los emplean en acreditadas siglas como OCDE o FMI, que siguen audazmente erre que erre, errando sin rubor alguno. Puede que esto tenga que ver con un hecho que resaltaba otro economista español, Joaquín Estefanía:

Ninguno de los economistas que fallaron en su pronóstico y en sus recomendaciones de política económica ―esto es, fracasaron― ha sido despedido por incompetente, ni ningún departamento de Economía ha sido clausurado por sus errores ni como medida de reducción del gasto público o privado, como ha sucedido en tantos otros sectores productivos o intelectuales.

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«Los bufetes, a la caza sin base legal de afectados por ‘cláusulas suelo’»

Detalle de la portada de ‘El Economista’, del 7 y 8 de noviembre de 2015.
‘El Economista’ (7 y 8 de noviembre de 2015)

Ay, estos abogados sin escrúpulos, que van “cazando”, y, lo que es más grave en unos letrados, “sin base legal”, a esa gente que sin saberlo firmó préstamos hipotecarios con cláusulas suelo y que ahora quiere recuperar lo que ha apoquinado de más.

Como es sabido, en su noble afán por impedir que todos los ciudadanos contribuyentes acabemos pagando los descalabros de sus cuentas de resultados, los bancos redactaron, sin informar a los ciudadanos clientes, contratos hipotecarios de tipo variable que establecían una cuota mínima. Vamos, que el tipo variable se convertía en fijo si la referencia bajaba más de un determinado porcentaje, alrededor del 3%. Debe ser algo tan infumable que hasta al Tribunal Supremo español no le pareció bien, y falló que esas cláusulas con falta de transparencia eran nulas por abusivas. Pero, mira tú, restringió la retroactividad a la fecha de su sentencia (mayo de 2013). Puso este límite, como pusieron los bancos el suyo, para no causar “trastornos graves con trascendencia en el orden público económico”. O sea, velando por el bolsillo de los ciudadanos todos. Algunos han calculado que de este modo los bancos se ahorran unos 10.000 millones de euros que han cobrado de más. Otros, que 3.000 millones. Ya se sabe que la información financiera es precisa y matemáticamente exacta.

El caso es que a la Comisión Europea no le ha gustado nada el susodicho límite, según un informe que recurre al simplón argumento de que, si la cláusula es nula, lo es desde que se empezó a aplicar, y no desde una fecha arbitraria. Con lo cual los bancos tendrían que devolver todo lo ingresado por estas cláusulas, no solo desde mayo de 2013. Pero de momento no los obliga. Hay que esperar a ver qué opina el Tribunal de Justicia de la UE.

Al informar sobre todo esto, algún que otro medio rarito, como eldiario.es, se centró en que “la eliminación total de las cláusulas suelo podría salvar a miles de hipotecados del desahucio”. Pero la mayor parte de la prensa española, en línea con el Tribunal Supremo, ha puesto el acento, como es lógico, en el gravísimo problema que entraña la retroactividad para las arcas de los pobres bancos y sus aterrorizados accionistas y directivos.

Y, mientras se espera el pronunciamiento del tribunal europeo, hay bufetes de abogados que quieren convencer a los afectados de que recurran a los juzgados para que los bancos abusadores les devuelvan todo lo que les han cobrado en exceso. Menos mal que, una vez más, un periódico independiente, en este caso El Economista, destapa sus malas artes sin pararse en barras: en la noticia más destacada de su portada, siempre crítica con el poder político y económico (por no hablar de los bufetes sin escrúpulos), como se puede observar.