Citas con la etiqueta Mae West

Si una no piensa que está maravillosa, ¿por qué iba a pensarlo nadie?

Tenía vagas referencias de Mae West como autora de frases provocativas y mordaces del estilo de: “Solo me gustan dos tipos de hombres: los nacionales y los importados”; o: “Cuando soy buena, soy muy buena, pero cuando soy mala, soy mucho mejor”; o, una de mis preferidas: “¿Tienes una pistola en el bolsillo o es que te alegras de verme?”. Pero desde que leí la deliciosa entrevista que le hizo Charlotte Chandler, recogida en Las grandes entrevistas de la historia, me he vuelto un encendido fan de la actriz, cantante, guionista y dramaturga estadounidense (1893-1980).

Foto de la actriz, cantante, guionista y dramaturga estadounidense Mae West (1893-1980).
Mae West | ⇒Un clic para ampliar

El texto refleja el pensamiento de una Mae West ya mayor, pero tan sabia y segura de sí misma como cuando tenía ocho años y debutó en el teatro.

Siempre cambiaba párrafos en los papeles que hacía. Cuando tenía ocho años ya veía cosas que se podían mejorar. A veces añadía líneas por mi cuenta. Siempre me salía con la mía. Añadía cosas nuevas a mi número para mantener mi propio interés. Si no lo conservas, se nota.

Portada de ‘Las grandes entrevistas de la historia’, recopiladas por Christopher Silvester, en Aguilar (1998).El secreto es mantener el ritmo, no dejar que el público piense en los platos sucios. En cuanto pierdes la atención de la audiencia, es muy difícil atraerla de nuevo. Hay que ordeñar a base de bien a los espectadores. Necesitan diálogos que sean capaces de recordar cuando se van del teatro, como las canciones que tarareas nada más oírlas.

Ser a la vez actriz y escritora es la mejor combinación, porque puedes ser quien quieras. Solo tienes que escribirte el papel y después interpretarlo. Así puedes saltarte las partes aburridas. Y, cuando te cansas, puedes ser otra persona distinta.

Las reflexiones de Mae West sobre la escritura no son, desde luego, las que más han trascendido. La actriz, que salvó a la Paramount de la quiebra gracias a la millonaria recaudación de su primera película, Night after night (1932), se ganó la vida haciendo de la provocación un arte en una época en la que ser mujer implicaba apechugar con una implacable discriminación laboral frente al hombre.

Tener cerebro es importante, si sabes ocultarlo. Los hombres piensan que una chica con buena figura es mejor que una con buen seso. Pero si tienes un buen cerebro en la reserva, la gente no puede utilizarte.

Prueba de ello, volviendo a la escritura, fue su relación con los censores.

¡Creo en la censura! Si una sola de mis películas no hubiera sido clasificada X me habría sentido insultada. No lo olvides, querida, yo inventé la censura.

Censores a los que manejaba a su antojo.

Yo tenía mis trucos para hacerle frente a la censura. Escribía unas cuantas líneas que sabía que tacharían para que dejaran las demás. Había que permitir que se ganaran el sueldo.

Pero, en el fondo, al igual que en su fuero interno seguía siendo “la misma niña de siempre” ―“pero fue el modo en que crecí por fuera lo que les gustaba a los hombres”―, lo suyo era jugar con las palabras.

Ahora se recurre a la desnudez y los tacos para que ocupen el lugar de una buena historia y unos personajes como dios manda. Yo no tenía que quitarme la ropa. Los hombres se imaginaban lo que había debajo.