Citas con la etiqueta Mafalda

¿Qué les hubiera costado ponerle mi nombre a esta avenida?

A la edad de seis años, Miguelito ya espera el reconocimiento de sus semejantes. Sabe que lo merece, pues, haga lo que haga, lo merecerá en el futuro. En ocasiones, la abrumadora conciencia de su superioridad, rayana en el solipsismo, lo impulsa a desdeñar eso que tanto desea, pues considera que sus congéneres, como seres insignificantes que son, no están capacitados para rendirle pleitesía. Por el contrario, cuando su egolatría flaquea, surge un individuo que reclama ansiosamente la aprobación de sus semejantes. Nos encontramos, pues, ante un personaje contradictorio, a veces obsesionado con la búsqueda de la notoriedad, otras dominado por una confianza absoluta en sí mismo, siempre atormentado por el temor al fracaso. Miguelito, una de las grandes creaciones de la literatura, es, posiblemente, el ser que más me ha influido (junto a Susanita y Felipito).

Imagen de Miguelito, personaje de ‘Mafalda’.
Miguelito | ⇒ Un clic para ampliar

La cita que da pie a esta entrada figura en una tira de Mafalda 10 (1974), obra del genial Quino (Argentina, 1932).

Miguelito está mirando fijamente una placa con el nombre de una calle. Se le acerca Mafalda.
Mafalda: ¿Qué hacés, Miguelito?
Miguelito: Pensaba: ¿Qué les hubiera costado ponerle mi nombre a esta avenida? ¿Qué les hubiera costado venir y decirme: “Vea, Miguelito, como tenemos fe en usted y no dudamos que llegará a ser una figura excepcional, hemos resuelto llamar a esta avenida Avenida Miguelito, para ir ganando tiempo”? Pero no. ¿Ves cómo, de entrada nomás, ya lo desaniman a uno?

Es el ombligo del universo. Si lo avisan de que algo corre peligro, si él mismo predice algo que luego no se cumple, si el suelo cruje cuando lo pisa, nunca se le pasa por la imaginación que el problema sea suyo.

Se halla al borde de un precipicio, a punto de lanzar una piedra. De pronto oye unos gritos angustiados, suponemos que de su madre:
Madre: ¡¡Pe… pero… el precipicio, Miguelito, cuidado, por dios!!
Él mira hacia el abismo, se da la vuelta y pregunta a la madre:
Miguelito: ¿Se rompe?

“Decime, Mafalda, ¿antes de nacer nosotros existía realmente el mundo?”

Sentado en el bordillo de la acera, apoyado en el tronco de un árbol. Piensa.
Miguelito: A que el próximo auto que pasa es azul.
Observa el primer coche que pasa. Sigue pensando:
Miguelito: ¿Cómo puede un auto equivocarse tanto?

Camina por la calle. Por cada pisada que da se oye chuic, de modo que hay una sucesión de chuic, chuic, chuic, chuic… Se sienta junto a Mafalda.
Miguelito: ¡Lástima, un país casi nuevo, y ya cruje!

Imagen de Joaquín Salvador Lavado, Quino, creador de ‘Mafalda’.
Quino | ⇒ Un clic para ampliar

Es más, considera un desperdicio incomprensible la existencia del mundo antes de su llegada.

Miguelito: Decime, Mafalda, ¿antes de nacer nosotros existía realmente el mundo?
Mafalda: ¡Mirá que sos tonto, Miguelito! ¡Claro que existía!
Miguelito: ¿Y para qué?

Todo lo que lo rodea, sean altas torres, unos humildes zapatos o sus entrometidos progenitores, carece de importancia frente a su musculoso ego: no son nada; podría prescindir de ellos, pero ellos no de él. Continúa