Citas con la etiqueta Roald Dahl

Nunca debe darse por satisfecho con lo que ha escrito hasta que lo haya reescrito una y otra vez, haciéndolo tan bien como le sea posible

¿Cómo dice? ¿Se refiere a que eso es lo que debería hacer antes de darle al botón de enviar un whatsapp, o un tuit, o un correo? ¿Pero cómo se atreve?

No, claro que no, cómo iba nadie a pensar tal cosa hoy. El que juntó palabras una y otra vez hasta formular esa sentencia fue un señor del siglo pasado (Cardiff, 1916-Oxford, 1990), y se dirige a escritores en ciernes, no a gente que escribe. Yo creo que lo que pretende en realidad es desanimarlos, porque, además de tener que ser perfeccionistas, les asegura que deben mostrar una resistencia poco común.

Dicho de otro modo, debe ser capaz de seguir con lo que hace sin darse jamás por vencido, hora tras hora, día tras día, semana tras semana y mes tras mes.

Por no decir que Continúa

Quizá si continuara su trabajo como si no hubiera oído nada, luego, cuando hubiera pasado algún tiempo, se encontraría con que nada había ocurrido

Lo piensa Mary Maloney después de que su esposo, aun sabiendo que era “un mal momento” para decírselo, le haya comunicado una noticia que, según pensaba, la iba “a trastornar un poco”. El primer impulso de Maloney “fue no creer una palabra de lo que le había dicho. Se le ocurrió que quizá él no había hablado, que era ella quien se lo había imaginado todo”.

Es del inquietante cuento Cordero asado, uno de mis más favoritos de Relatos de lo inesperado (1979), libro formado por dieciséis historias que contienen casi todo lo que me gusta en un relato: humor negro, misterio y un final deslumbrante; es decir, un argumento. Sin olvidar, claro está, una escritura que consigue que eso parezca natural, libre de artificios.

Por si fuera necesario aportar razones de autoridad para convencer a quienes tienen la suerte de no haber leído todavía a este irrepetible autor ―o de haber olvidado lo leído―, sean niños, jóvenes o adultos, recordaré que uno de sus relatos ha sido llevado a la pantalla por Hitchcock y Tarantino. Aquí nos limitaremos a reproducir frases de otros tres que nos fascinan, todos ellos relacionados con la memoria o protagonizados por ella. La primera es de Galloping Foxley:

Personalmente, desconfío de los hombres elegantes. Los placeres superficiales de esta vida les llegan demasiado fácilmente y parecen los únicos responsables de su propia belleza. No me importa que una mujer sea guapa, eso es diferente, pero un hombre: lo siento, me parece ofensivo.

La segunda, de La subida al cielo:

—¿Y qué tienen de malo las peinetas, si puede saberse? —inquirió él, furioso al ver que, por una vez, su esposa había perdido los estribos.

Y la tercera, de La patrona:

No hay mayor tormento que esa sensación de un recuerdo que nos roza la memoria sin penetrar en ella.

Pues nada más, aunque creo que se me olvida algo… Da igual, de ser así, no será nada importante; si no, me acordaría.