Citas con la etiqueta Robert Louis Stevenson

¿Qué suerte le esperaba? ¿Qué absurda o trágica aventura le había acontecido? ¿Qué cara debía poner?

Se apunta aquí a una cuestión trascendental. Y no me refiero, aun siendo importante, a qué cara poner en circunstancias insólitas y desconocidas, como le sucede al joven Denis de Beaulieu, el personaje del escritor escocés Robert Louis Stevenson que dice esta frase en el cuento La puerta del señor de Malétroit. Tampoco a la cara que debemos poner en las fotos. Me refiero a qué cara poner en la vida. Claro que, pensándolo bien, hoy viene a ser lo mismo, porque la cara de las fotos, del perfil del Whatsapp o del Twitter, será la que nos identifique ante los demás, incluso ante los que nos ven en persona con frecuencia. De modo que la cara que ponemos en las fotos, en las fotos que compartimos o en las que estamos etiquetados, se convierte en una cuestión decisiva para nuestra existencia.

Si será importante esa cara de nuestro perfil que, además de afectar a la percepción que los demás ―incluso los más cercanos― tendrán de nosotros, también afectará a nuestra manera de ser, que tenderá a adaptarse a la imagen que transmitimos. Esto lo aprendí de Miguelito, que a los seis años ya tuvo esta charla con Felipito en una tira de Mafalda 9.

Hola, Felipe. Venía pensando… ¿Qué actitud convendrá adoptar ante la gente? ¿La de seguro de uno mismo, para que todos te respeten? [Quino dibuja a Miguelito con cara de estar seguro de sí mismo] ¿La de indiferente, para pasar inadvertido y que nadie te moleste? [pone cara de indiferencia] ¿La de desprotegido, para que todos te ayuden? [cara de desprotegido] De la que uno elija depende cómo le irá en la vida, así que es muy importante decidir desde ya, y no equivocarse.

“Sabía disimular no solo su rostro, sino su voz y casi sus pensamientos”

Pero no es cosa de poner en el Whatsapp nuestro auténtico rostro, ese que identifica nuestro espíritu, porque entonces estaríamos dándoles pistas muy peligrosas a nuestros adversarios. Otro niño, citado por Edgar Allan Poe en La carta robada, lo pone de relieve cuando explica su método para ganar siempre al juego de par e impar:

Si quiero averiguar si alguien es inteligente, o estúpido, o bueno, o malo, y saber cuáles son sus pensamientos en ese momento, adapto lo más posible la expresión de mi cara a la de la suya, y luego espero hasta ver qué pensamientos o sentimientos surgen en mi mente o en mi corazón, coincidentes con la expresión de mi cara.

El niño de Poe describe una singular habilidad que distinguía a otro personaje de Stevenson, el coronel Geraldine, confidente y caballerizo mayor del príncipe Florizel de Bohemia, del que se cuenta en la Historia del joven de los pasteles de crema:

Portada de ‘Cuentos completos’, de Robert Louis Stevenson, en Mondadori.

La larga práctica, unida a un considerable conocimiento de la vida, le habían dotado de una habilidad singular para el disfraz: sabía disimular no solo su rostro y porte, sino también su voz y casi sus pensamientos, para adaptarlos a los de cualquier rango, carácter o nacionalidad.

Aunque, todo hay que decirlo, el príncipe Florizel no se dejaba engañar fácilmente por las apariencias, como se aprecia en estos dos ejemplos: Continúa