Citas con la etiqueta Robert Sheckley

A veces se encuentran planetas, y sobre esos planetas existen razas muy distintas en apariencia y color pero con una característica común: el odio por todo lo que es diferente

El odio, espléndido tema, sin duda, pero donde esté el amor… ¡Ah!, el amor. En un artículo dedicado al maestro del relato corto Robert Sheckley (1928-2005), sarcástico creador de mundos alucinantes, de historias asombrosas y de seres extraordinarios, puede parecer sorprendente que el tema de fondo sea el amor. Que nosotros sepamos, nunca antes se había hecho tal cosa con el autor neoyorquino. Quizá porque comenzó a escribir, a mediados del siglo XX, en revistas de ciencia ficción, no en revistas románticas ni nada por el estilo, y en aquella época los géneros literarios y las publicaciones especializadas eran muy estrictas y no se mezclaban. Y ahí se quedó, encasillado. Pero, ¿por qué no? Al fin y al cabo, Sheckley se casó cinco veces (una de ellas en Ibiza, donde vivió en los años setenta), así que algo sabría del asunto, como se puede apreciar en esta sabia cita del cuento La voz:

Hacía apenas un par de segundos había descubierto que estaba enamorado de ella. Bien, tenía que decírselo. La noche sería inolvidable. Él se declararía, habría besos; el sello de aceptación, hablando en sentido figurado, quedaría estampado en su frente. Sin embargo, la perspectiva no era muy grata. Era mucho más cómodo no estar enamorado.

Sheckley firmó una docena de relatos que hablan del amor. A su modo, claro

Foto de Robert Sheckley (1928-2005), autor de ‘Peregrinación a la Tierra’.
Robert Sheckley

Robert Sheckley firmó al menos una docena de relatos que giran en torno al amor. A su modo, claro, con humor, con una imaginación desbordada y con unos personajes que de tan ingenuos a veces parecen tontos. O, simplemente, enamorados. En realidad, el neoyorquino no escribió historias puramente románticas, sino que las introdujo en tramas habituales de la ciencia ficción. En El movimiento se demuestra andando, por ejemplo, aborda el tópico del último hombre vivo sobre la Tierra, que un buen día se encuentra… con una mujer. No voy a contar aquí si ella es real o no, y si a él eso acaba importándole muy poco o nada. Otro maravilloso relato, Un ladrón en el tiempo, narra las peripecias de un científico que se ve forzado a viajar al futuro arriesgando su vida sin saber por qué, un porqué que, sin llegar a destriparlo, puedo decir que tiene nombre de mujer. La Tierra devastada es el escenario de La trampa humana, donde “cincuenta hombres afortunados, elegidos por sorteo público entre cincuenta millones de inscritos”, compiten en una peligrosa carrera (con una media de mortalidad del 68,9 por ciento) para ganar un acre de terreno. El protagonista, padre y casado, recibe la valiosa ayuda de Llama, una hermosa bandolera que se enamora de él y que…

De los míticos pioneros espaciales, que por diversos motivos se mudan a planetas lejanos y deshabitados para colonizarlos en solitario, tratan Problemas con los nativos y La carga del hombre humano. En ambos relatos llega un momento en que sus protagonistas masculinos no pueden dejar de pensar en mujeres ―Robert Sheckley, discreto como es, no da más detalles― . El primero se resuelve con una trama deliciosa que mezcla el amor con los prejuicios de las razas civilizadas frente a los primitivos. Edward Flaswell, protagonista del segundo, cuenta con la valiosa ayuda de unos robots comandados por el astuto y sentencioso Gunga-Sam. En una ocasión, acosado por la tristeza, Flaswell le dice a su capataz:

―A veces os envidio a los robots. Siempre riendo, despreocupados, felices…
―Es porque no tenemos alma.

Más adelante, Gunga-Sam le refiere a su amo un viejo proverbio robot.

―La mente del hombre humano es sombría y oscura, pero es un cristal comparada con la mente de la mujer humana.

Prejuicios robóticos, sin duda. Cuando Edward Flaswell, para alarma y escándalo de sus melindrosos robots agrícolas, empieza a dejarse barba, a hablar solo por los campos y a beber en exceso por la noche, recibe, junto con un suministro de víveres, un flamante catálogo de la empresa Roebuck-Ward que reza:

¡ENCARGUE UNA ESPOSA POR CORREO!

Pioneros, ¿por qué sufrir solos la maldición de la soledad? ¿Por qué soportar solos la carga del hombre humano? Roebuck-Ward les ofrece ahora, por vez primera, una limitada selección de Esposas Modelo Frontera.

El modelo frontera Roebuck-Ward se presenta en tres tamaños generales (ver medidas más adelante) que cubren los gustos de cualquier hombre. Una vez recibida su petición, Roebuck-Ward le congelará el modelo deseado y se lo enviará en un carguero de tercera, con lo que los gastos de transporte quedarán reducidos al mínimo. ¿Por qué no pide usted una esposa modelo frontera HOY MISMO?

Flaswell sigue el consejo del fiel Gunga-Sam y encarga una esposa, que le envían en una gran caja precintada en la que una etiqueta advierte:

«Manejar con cuidado. Contiene mujer».

Pero lo más interesante es lo que sucede después. Continúa