Citas con la etiqueta Stanislaw Lem

Ríete y estarás alegre

El sabio monarca profesaba una teoría que llevaba a la práctica: la de la felicidad universal. Es bien sabido que el hombre no ríe porque esté alegre, sino que está alegre porque ríe. Cuando todos dicen que las cosas van perfectamente bien, el ambiente mejora enseguida. Los súbditos de Monstropito tenían, pues, la obligación de repetir en voz alta ―por su propio bien, naturalmente― que todo les iba a pedir de boca.

Regresé a Ciberíada (1965) para verificar la autoría de una idea peregrina que me había sobrevenido, y buscando al azar entre sus páginas llegó el ensimismamiento y se fue la idea, de modo que decidí empezar por el principio con la esperanza de repescarla.

Foto del escritor polaco Stanislaw Lem (1921- 2006), autor de ‘Ciberíada’.
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Stanislaw Lem (1921- 2006) narra en este libro, traducido al castellano por Jadwiga Maurizio, las aventuras de dos robots, Trurl y Clapaucio, “a quienes crear y apagar estrellas no les costaba más que a ti cascar nueces”. Al comienzo, en el relato de la primera expedición titulado La trampa de Garganciano, los sabios robots arriban a un planeta formado por dos estados vecinos, uno dorado y otro rosado, y cada cual se dirige a uno de ellos para ofrecerle sus servicios al monarca correspondiente. Continúa

Ah, los grandes hombres; cuanto más cerca, más pequeños

En mis trabajos como periodista en el submundo de la economía, las finanzas y la empresa me he visto obligado a entrevistar a unos cuantos prohombres ―también a alguna que otra promujer, pero la inmensa mayoría de los prebostes son hombres, lo que de entrada ya resulta raro (solo una mujer, Elinor Ostrom, ha ganado el mal llamado Nobel de Economía desde que se instituyó, en 1969)―. Hablo de gentes habituadas a manejar ingentes cantidades de dinero y, lo que infunde más respeto, los destinos laborales de cientos o miles de individuos. No voy a negar que muchas de ellas me parecieron personas interesantes y más listas que yo, que ya es decir, pero en ninguna advertí los rasgos del genio o del ser superior que se deberían percibir en una sesuda conversación de media hora a una hora, más o menos. ¿Estaba yo alelado en ese momento decisivo? ¿Me había tomado algo que adormecía mis espabilados sentidos? ¿Cómo quieren que me acuerde?

Florentino Pérez, enaltecido en 2005 como “ser superior” por Emilio Butragueño cuando este era su subordinado.
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Por puro empirismo, acabé abrazando la teoría de que los seres superiores no existen ―y eso que también hablé en su día con Florentino Pérez, el respetado constructor que hace una década fue catalogado como “ser superior” por su entonces subordinado en el Real Madrid Emilio Butragueño―. Lo único que existe es nuestra creencia de que existen y la propaganda de los poderosos para persuadirnos de que son poderosos porque se lo merecen, puesto que son seres superiores. Como dijo Stanislaw Lem en la crítica a Les Robinsonades, de Marcel Coscat (Ed. du Seuil, París), recogida en su libro de críticas de libros inexistentes Vacío perfecto: Continúa