Los periodistas ingleses no aceptan que se les soborne: lo hacen gratis

Los periodistas ingleses no aceptan que se les soborne: lo hacen gratis

George Orwell (1903-1950)

Como estaba programado, Antonio Caño ha tomado el volante de El País en lugar de Javier Moreno. Junto a los relevos de El Mundo y La Vanguardia, en seis meses han cambiado de dirección los tres diariosaurios de pago de mayor difusión (lo cuenta Jesús Maraña en este artículo de Infolibre).

No sé por qué, estos cambios me han recordado la frase del escritor y periodista inglés conocido como George Orwell (1903-1950). La había visto en una columna de la periodista Soledad Gallego-Díaz, que está en nómina de El País desde su fundación, en 1976, de modo que algo sabe del asunto.

No creo que nos enfrentemos a una derechización de estos medios, como se ha dicho. Lo que pienso es que los anteriores directores representaban, aunque solo fuera por el tiempo que llevaban en sus puestos, un modelo de periodismo en el que se trataba de aparentar independencia del poder. No era así en lo fundamental, claro, pero sí en otras cosas. Digamos que se respetaba la inteligencia del lector, o que no se le consideraba directamente estúpido, y cuando se le manipulaba se intentaba hacerlo con habilidad para no ofenderlo.

Ahora el paradigma ha mutado; por varios motivos. La depresión económica ha exacerbado hasta el límite las servidumbres de los grandes medios escritos y audiovisuales, que han dejado de pertenecer a editores, es decir, a empresarios que saben lo que se traen entre manos. Por otro lado, el poder actual ―representado por los bancos y corporaciones dueños de esos grandes medios― no entiende de sutilezas. Su brazo armado, el Gobierno, ha renunciado a la inteligencia, suponiendo que no carezca de ella, y exige seguidismo, no verosimilitud. Entonces, ¿para qué simular independencia, con el trabajo que cuesta?

Se puede objetar que Orwell se refiere a los periodistas “ingleses”. Bueno, si nos ponemos rigurosos, se puede desempolvar otra cita del británico en la que alude explícitamente a los periódicos españoles. Está en el ensayo Recuerdos de la guerra de España, y refleja lo que el autor de 1984 vivió entre 1936 y 1937 en Cataluña, donde empezó como corresponsal de guerra y terminó como miliciano.

Ya de joven me había fijado en que ningún periódico cuenta nunca con fidelidad cómo suceden las cosas, pero en España vi por primera vez noticias de prensa que no tenían ninguna relación con los hechos, ni siquiera la relación que se presupone en una mentira corriente. Vi informar sobre grandiosas batallas cuando apenas se había producido una refriega, y silencio absoluto cuando habían caído cientos de hombres. Vi que se calificaba de cobardes y traidores a soldados que habían combatido con valentía, mientras que a otros que no habían visto disparar un fusil en su vida se los tenía por héroes de victorias inexistentes.

Pero no hay por qué darse golpes en el pecho, no vayamos a rasgarnos las vestiduras. Quizás así sea mejor para muchos. Por ejemplo, para los lectores, que ya no tienen que leer entre líneas para descubrir cómo los están manipulando. O para algunos medios nacidos en Internet, que están demostrando que se puede ser independiente y eficaz con escasos recursos.

4 DE MAYO DE 2014

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